Todos nos volvemos locos intentando averiguar qué regalarle a nuestros seres queridos en Navidad, y lo entiendo. Nunca sabemos qué regalar porque ya hemos regalado muchas veces lo mismo: que si colonias, que si sudaderas, que si pantalones, que si libros… Siempre, siempre regalamos lo mismo.
Yo quiero darte hoy una idea diferente en la que la gente no suele pensar. Por ejemplo, ¿sabes que es la vitamina D3K2? Es un buen regalo porque ayuda a tu salud, y, sinceramente… nosotros nunca pensamos en el tema salud cuando pensamos en qué regalar por Navidad.
¿Y si este año haces algo nuevo y regalas Navidad?
Pensar en la salud antes de envolver el regalo
Yo creo que el problema no es que no tengamos ideas, es que vamos siempre a lo más fácil. Entramos en una tienda, damos dos vueltas, vemos algo que “más o menos” puede cuadrar y listo. No nos paramos mucho a pensar si ese regalo sirve para algo de verdad. Yo también caigo en eso, soy totalmente sincera, aunque me avergüence un poco ese consumismo insano. Vamos con mucha prisa, con mil cosas en la cabeza y con una lista eterna de gente a la que regalar.
Por eso me parece algo realmente necesario parar un segundo y pensar en la salud. No como algo preocupante, sino como algo en lo que pensar de verdad porque te interesa mantenerla para durar muchos, muchos años más: dormir bien, tener energía, encontrarse mejor en el día a día… Si somos sinceros, eso le viene bien a todo el mundo: da igual la edad, el trabajo o si hace deporte o no, la salud es algo que usamos todos, todos los días.
Lo bueno de este tipo de regalos es que no es un algo que se queda en un cajón, sino que se usa, que se nota y que, con el tiempo, se agradece.
Además, cuando regalas algo relacionado con la salud, estás mandando un mensaje bonito, aunque no lo digas en voz alta. Estás diciendo: me importas, quiero que estés bien, quiero que te cuides. Y eso, sinceramente, vale más que otra sudadera más.
¿Alguna vez has pensado en regalar vitaminas?
La vitamina D3 es una de esas cosas que mucha gente necesita y no lo sabe. El cuerpo la usa para mantener los huesos fuertes, ayudar al sistema inmunitario y tener un nivel de energía normal. Hoy día pasamos muchas horas dentro de casa, trabajamos sentados y en invierno vemos poco el sol. Todo eso hace que produzcamos menos vitamina D. Cuando falta, es bastante común sentirse más cansado, con menos ganas o con la sensación de arrastrar el cuerpo durante el día. No es algo raro ni excepcional, le pasa a muchísima gente sin que se dé cuenta.
La vitamina K2 es menos conocida, pero también es importante. Su función principal es ayudar a que el calcio se use bien en el cuerpo. Dicho de forma sencilla, ayuda a que el calcio vaya a donde tiene que ir, como los huesos, y no se quede donde no hace falta. La K2 está relacionada con el cuidado de los huesos y con la salud cardiovascular.
La vitamina D3K2 junta estas dos vitaminas porque se complementan bien. La D3 ayuda a absorber el calcio y la K2 ayuda a que ese calcio se gestione correctamente. Por eso suelen ir juntas. Es una forma sencilla de apoyar la salud sin cambiar tu rutina ni hacer cosas raras. Regalar D3K2 no es decir “tienes un problema”, es decir “oye, esto puede ayudarte a cuidarte un poco más”, y eso se entiende y se agradece.
Regalos que no ocupan sitio y sí se usan
Otra cosa que me gusta de regalar salud es que no ocupa espacio. No necesitas una estantería nueva ni buscarle sitio en casa, ni acaba olvidado en un cajón junto a otros regalos que “ya usaré algún día”. Esto se usa o no se usa, pero no estorba.
Vivimos rodeados de cosas, muchas más de las que necesitamos, y seguimos regalando más cosas: camisetas, tazas, objetos que hacen gracia dos días y luego ya está. En cambio, algo que cuida la salud no suma ruido, suma bienestar.
Además, es un regalo muy práctico porque no depende del gusto personal. No importa si a esa persona le gusta el rojo o el azul, si lee mucho o no, si sale a correr o prefiere el sofá: cuidarse es algo universal.
Y ojo, no hablo solo de vitaminas. Hablo también de pequeños hábitos que se pueden regalar de muchas formas. Una buena almohada, una luz que ayude a dormir mejor, algo que invite a moverse un poco más… Todo eso también es salud.
A veces pensamos que un regalo tiene que ser algo grande o muy visible. A veces, lo mejor es lo que mejora el día a día sin que te des ni cuenta.
Empezar el año cuidándose un poco más que el que estás dejado atrás
El Año Nuevo siempre viene cargado de propósitos: que si voy a comer mejor, que si voy a hacer deporte, que si voy a cuidarme más… Luego pasa enero, llega febrero y muchos de esos propósitos se quedan por el camino.
Por eso me gusta la idea de empezar el año con algo que te lo ponga un poco más fácil. No con promesas enormes, sino con pequeñas ayudas. Algo que no te exija esfuerzo extra, pero que sume. Regalar salud en Año Nuevo tiene mucho sentido por eso mismo. Es un “empieza el año pensando en ti”. Y eso tiene mucho peso en tu interior.
Una cosa importante cuando hablamos de salud es no caer en extremos
Farmacia San Félix 75, una farmacia de las de toda la vida, me explicaron que lo mejor antes de empezar a tomar cualquier suplemento es pensar para qué lo quieres y cómo encaja en tu rutina diaria. Porque ten en cuenta que, si padeces alguna enfermedad, siempre va a ser mejor que alguien que sabe del tema te oriente en condiciones.
No hace falta leer diez artículos ni ver veinte vídeos. A veces, con preguntar bien y usar el sentido común es suficiente. Cuando tienes dudas, lo mejor es acudir a sitios de confianza. Lugares de los de toda la vida, donde te hablan claro y sin intentar venderte nada raro. Y aquí quiero dejar algo que me parece importante.
Regalar salud también es regalar tranquilidad
Cuando te cuidas más, estás más tranquilo. No porque la vida se vuelva más fácil de repente, sino porque sabes que estás haciendo algo por ti. Y eso te deja más gusto contigo mismo.
Cuando regalas algo relacionado con la salud, dices “oye, cuídate, que te quiero mucho y quiero que estés sano y me dures muchos más años”, pero sin decirlo en voz alta. Y eso se agradece mucho más de lo que parece.
Yo creo que a veces pensamos que cuidarse es algo muy serio o muy pesado, y no tiene por qué. Puede ser algo normal, como dormir un poco mejor, tener más energía o simplemente sentirte mejor en tu día a día. Cosas pequeñas, sin líos.
Y al final, regalar salud también es regalar calma. Algo que no se rompe, no se pierde y no pasa de moda. Algo que suma, sin hacer ruido.
Un regalo que abre conversaciones distintas
Hablar de salud no debería ser raro. Debería ser tan normal como hablar de trabajo o de planes para el fin de semana. Cuando regalas algo así, muchas veces acabas hablando de hábitos, de cómo se siente cada uno, de cosas reales. Y eso conecta más que hablar del precio o de dónde lo compraste.
Se trata de compartir una idea distinta, y luego que cada uno haga lo que quiera con ella. A mí eso me parece un valor añadido enorme. Porque al final, lo que recordamos de los regalos no es solo el objeto, sino el momento y la conversación que lo rodea.
Un regalo que va más allá del día concreto
La mayoría de los regalos se disfrutan ese día y ya está. Los abres, te hacen ilusión y, con el tiempo, algunos se quedan olvidados. No es algo malo, es lo normal, pero hay regalos que no se quedan solo en el momento, que siguen ahí después. Y los relacionados con la salud son así.
Cuando regalas salud, no termina todo cuando se acaba la Navidad o el Año Nuevo. Es algo que acompaña en el día a día. No hace ruido, no ocupa sitio, pero está. Se nota con el paso de las semanas, en cómo te encuentras, en cómo llevas el ritmo diario.
Este tipo de regalo no depende de una fecha concreta. No es solo para ese día, sigue teniendo sentido cuando ya han pasado las fiestas y la rutina vuelve. Y eso lo hace especial, aunque sea sencillo. Además, no es un regalo que canse. No se pasa de moda ni pierde utilidad. Simplemente, se integra en la vida normal, sin esfuerzo.
Yo creo que por eso este tipo de regalos marcan más de lo que parece. No buscan impresionar, buscan acompañar. Y al final, eso es lo que más se agradece: algo que suma poco a poco y que va más allá de un solo día.