El cuidado de los pies está ganando terreno y cada vez tenemos más presente que esta parte de nuestro cuerpo tiene unas necesidades que pasamos por alto y luego nos pasan factura. Cuidar los pies, empezando por el calzado, es fundamental. Hay que alejarse de esos maravillosos zapatos que oprimen el pie o son duros al caminar, aunque muy bonitos de ver. El resultado de utilizar esos zapatos es dolor de pies, juanetes, callos… y muchas molestias que, por lo general, no tenemos en cuenta hasta que nos sacuden.
Con las zapatillas es menos frecuente que pasen ciertas cosas a nuestros pies, aunque no todas son adecuadas. De hecho, todo tipo de calzado debe elegirse en pro del pie y no de la estética para poder proporcionar estabilidad, comodidad y confort, evitando males después. Al comprender esto, nos hemos encontrado con una novedad que, para muchos, quizá no lo sea: el calzado barefoot. Es un tipo de calzado que proporciona beneficios y cada vez cobra mayor relevancia.
Las punteras estrechas, los tacones, las zapatillas con amortiguación, las sandalias sin agarre, las zapatillas con suela rígida, las botas pesadas y un largo etcétera no son calzado barefoot; es calzado convencional. El que utilizamos en nuestro día a día. El calzado tradicional, a diferencia del calzado barefoot, incluye amortiguación, alza en el talón o la puntera, materiales rígidos y un peso considerable. Su diseño es más una respuesta a la estética y la moda del momento que a la funcionalidad del pie. En ocasiones se busca transformar la marcha natural del pie, dando como resultado que el calzado haga parte de su trabajo, lo que sucede con el calzado superacolchado. Lo que nos lleva directamente a adentrarnos en el calzado barefoot y cuándo es más recomendable su uso.
Caminar descalzo pero calzado
Para comprender de qué va esto del calzado barefoot, literalmente descalzo, hemos hablado con Happynrel Tu Zapatería Barefoot, expertos en calzado respetuoso y barefoot que seleccionan cuidadosamente los modelos que cumplen con los criterios barefoot fundamentales: hormas amplias, suelas flexibles, drop cero y materiales agradables al contacto con la piel. Así hemos podido conocer de primera mano todo lo relacionado con este tipo de calzado.
Se puede decir que el calzado descalzo o barefoot es una vuelta a los orígenes. Se aprovecha todo lo bueno que ofrece el mundo actual, recuperando la conexión con el entorno y, por supuesto, con nuestro propio cuerpo. Los zapatos descalzos se diseñan para respetar la forma y la función naturales del pie, lo que permite su expansión sin constricción a la hora de moverse con libertad, lo más cerca posible de su patrón de marcha natural. De manera que con cada paso que se da, se fortalecen los músculos, se alinea el cuerpo y se cuida de la salud. Dicho de otra manera, el calzado barefoot protege el pie al mismo tiempo que lo acompaña en su movimiento natural. La misión de este calzado es liberar el potencial natural que posee el cuerpo en lugar de limitarlo, como suele hacer el calzado convencional sin que nos demos cuenta.
Este tipo de calzado tiene que cumplir con tres requisitos básicos para considerarse como tal. El primero de ellos hace alusión a su forma anatómica o ancho respetuosos. Este tipo de zapatos se diseña para respetar la forma del pie y dar el espacio suficiente a los dedos para expandirse y cumplir con su función: proporcionar equilibrio y propulsión en cada paso que damos. A la hora de elegir el próximo par de zapatos o zapatillas, debes saber que existen dos opciones: elegir un zapato barefoot o seguir apretando el pie en forma de zapatilla como solemos hacer.
El segundo requisito que debe cumplir este tipo de calzado es que tenga una suela fina y flexible. En este aspecto no se pueden hacer concesiones. Una suela fina y flexible es indispensable para permitir que los músculos que forman el pie trabajen con libertad y que la pisada sea lo más parecida posible a la que realiza un pie descalzo, pero contando con protección.
Las suelas pueden ser más o menos minimalistas, en función del grado de propiocepción que cada uno quiera experimentar con sus pies. Las suelas más finas conectan más con el suelo, permitiendo sentir cada cambio del mismo. Lo más importante es que la suela se mueva con el pie sin que la rigidez impida que se realice el movimiento natural. Esta flexibilidad permite al pie mantener su amortiguación natural y su función adaptativa, además de fortalecer cada músculo y tendón de manera natural.
Por último, este calzado debe tener cero drop o inclinación de talón. El barefoot mantiene el pie nivelado con el suelo, sin que el talón se eleve, a lo que se conoce como cero drop, y favorece la postura corporal natural. Sin apoyo del talón, se distribuye mejor el peso y ayuda a evitar desequilibrios que pueden llegar a afectar a la espalda y las articulaciones. Con el pie en equilibrio, la presión se distribuye mejor y permite al cuerpo encontrar una alineación más saludable.
Caminar descalzo es bueno para el cuerpo
Ahora que sabemos algo más sobre este tipo de calzado tan singular e interesante, debemos conocer los beneficios que reporta su uso y en qué casos puede no resultar adecuado su uso.
Utilizar calzado barefoot mejora la postura corporal y reduce las molestias, ya que permite a los pies permanecer en su postura natural, ayudando a mejorar el equilibrio y la alineación general del cuerpo. Esto hace que se reduzcan las tensiones y los desequilibrios que suelen generar dolor en las articulaciones, la espalda baja, la espalda o el cuello.
Al hacer que trabajen los músculos del pie y la pierna, se fortalecen y se activan los mismos y los tendones al mismo tiempo. Con el calzado convencional, estos músculos se vuelven perezosos y se debilitan, ya que todo lo que no se utiliza termina por atrofiarse. Después de unas semanas de uso de calzado barefoot, se nota que los pies y las piernas se fortalecen.
Esto ayuda a aumentar la propiocepción, la capacidad que tiene el cuerpo para ubicarse en el espacio. Con este calzado, mejora a medida que el pie es capaz de detectar mejor el terreno, se adapta al entorno y ajusta el paso. El pie guarda una íntima conexión con el cerebro, que registra cada paso y aprende del terreno. Cortar esa conexión no es bueno; cuanto mejor se sienta el suelo, mejor equilibrio y agilidad se tienen. Hay que dejar que los pies nos guíen.
Al adoptar una postura y técnica de pisada más naturales, se fortalecen los músculos y, en consecuencia, se reduce el riesgo de sufrir lesiones como esguinces o fascitis plantar.
Tanto la propiocepción como el equilibrio natural y la anchura respetuosa son sinónimos de comodidad. El calzado barefoot es comodidad en estado puro: un diseño ligero y una forma que respeta el pie, haciendo que te sientas ágil y libre. Llega un momento en el que llevar este calzado hace olvidar que se llevan zapatos. Al ser más ligero que el calzado convencional, caminar descalzo hace sentir mayor energía y dinamismo, porque los pies soportan el peso, pero no lo llevan.
El bienestar general empieza en los pies, por lo que utilizar el cuidado adecuado es una manera fácil de cuidarse, además de que este concepto de calzado hace que quien lo pruebe repita.
Como todo, aunque este calzado es muy beneficioso, puede no ser adecuado para todo el mundo y resultar contraindicado, como en los casos que vamos a citar.
- Lesiones previas o debilidades en aquellas personas que han sufrido lesiones en los pies, tobillos o piernas, tienen debilidad muscular preexistente o son propensas a lesionarse con este calzado. En estos casos lo mejor es consultar a un podólogo.
- Pies planos o problemas de arco. Las personas que tienen pie plano o problemas notables con el arco del pie o pronación acusada pueden experimentar molestias con este calzado.
- Superficies duras y ásperas. Caminar o correr descalzo o con este calzado en superficies duras y ásperas, pavimento caliente o superficies con objetos afilados puede suponer un riesgo de lesiones para los pies.
- Falta de adaptación. Hacer una transición abrupta a este tipo de calzado sin una adaptación adecuada puede aumentar el riesgo de lesiones. Es importante hacerlo de forma gradual y dejar que los pies se acostumbren.
- Actividades específicas. El calzado barefoot puede no ser adecuado para realizar algunas actividades, como deportes de contacto o aquellas que necesiten protección extra para los pies, como el senderismo en terrenos rocosos y difíciles.
- Condiciones médicas específicas como la diabetes y el pie diabético o la neuropatía pueden afectar la sensibilidad de los pies y aumentar el riesgo de lesiones al utilizar calzado barefoot. Antes de utilizarlo en estos casos, es mejor consultar con el médico.
- Entorno y clima. En los climas fríos o entornos en los que se exponen los pies a condiciones adversas, puede no ser práctico ni seguro. Son más susceptibles al frío y a las inclemencias del tiempo.
En definitiva, se trata de una excelente opción de calzado, pero en determinados casos conviene probarlo de forma gradual y consultar a un podólogo para determinar si es adecuado.