Lo que yo he visto en Galicia no lo he visto en ninguna otra parte, y no te lo digo para hacer el artículo ni para buscar un tema, lo digo DE VERDAD. Muchos ya conoceréis mi forma de escribir y sabréis quién soy: soy transportista sanitario, así que me dedico a recoger pacientes en hospitales o en sus casas para llevarlos a sus casas o a los hospitales. No hay mucho más que hacer en mi trabajo aparte de eso, y saber manejar sillas de ruedas, tanto manuales como eléctricas, además de ser capaz de subir, bajar y mover una camilla con pacientes encima (además de poner oxígeno, etc.).
¿Vosotros habéis visto Galicia? Mi ciudad natal, El Puerto de Santa María, en Cádiz, moverse con el coche es muy fácil: vas del punto A al punto B (de Cádiz a Sevilla, por ejemplo). Y ya está, no te vas a encontrar ocho Sevillas distintas en el mapa. No, no exagero: Galicia es preciosa, tiene una naturaleza que me encanta (y de hecho por eso estoy aquí), tiene un tiempo MUCHO más fresco y húmedo que el del sur… pero tiene algo que, como conductora de ambulancias, NO SOPORTO: cada vez que tengo que ir a un pueblo, me salen 50 en Google Maps. Hay 5 San Cibraos, 6 Carballedos…
La cosa es que Galicia se mueve mucho por pueblos, y de menos a más puede haber aldeas de 2 o 3 habitantes, pueblos con 6 o 7 casas, concellos, ayuntamientos, iglesias… hay tantos pueblos y casas desperdigadas por todas partes que llegar al destino puede ser un verdadero MARTIRIO. Ayer, por ejemplo, fui a A Veiga a recoger a una paciente. Veiga está en Lugo, pero te reto a que pongas A Veiga y averigües, sin saber nada más, a dónde tienes que ir. ¿Ya lo has hecho? ¿Y qué te parece? ¿Sabrías a dónde ir? Sin preguntarle al paciente no, ¿verdad? ¿Y si te digo que muchas veces los pacientes, a los que llamas el día antes para decirles a qué hora vas a pasar a por ellos, no te contestan al teléfono? Ahí ya tienes que ser adivina, porque si no… ¡imposible!
¿Y sabéis quién suele vivir en esos pueblos perdidos de la mano de Dios?
Pues exactamente en los que estás pensando: los abuelitos. Pero el porqué es muy fácil de entender. Antes la gente vivía en el campo, tenía su ganado, sus huertas… y crecían, vivían, trabajaban el campo y morían allí. La vida en Galicia siempre ha sido MUY rural, desde hace siglos. ¿Qué ha pasado? Que todo se ha ido modernizando, apareciendo ciudades cada vez más grandes, nuevas carreteras… y esos pequeños pueblos con dos o tres casas y un anciano (que, por supuesto, no tiene coche y va en silla de ruedas, ¡o en camilla, porque no puede moverse ni mantenerse en pie!).
Yo me muevo mucho con personas mayores que viven en sitios donde, si no tienes coche, no llegas. Tendrías que andar más de una hora y media, porque hay al menos 20 minutos hasta la “ciudad” más cercana, que a veces ni siquiera es ciudad, sino otra aldea de 7 vecinos. ¿Ves a dónde quiero llegar con todo esto? ¿No? No pasa nada, sigo con más ejemplos.
Hace un par de semanas llevé a un hombre no tan mayor que vivía a unos veinticinco minutos de Monforte de Lemos, la ciudad más cercana a su aldea. Veinticinco minutos en coche pueden ser fácilmente 35 km a pie. ¿Te imaginas a una persona teniendo que caminar 35 km todos los días para comprar pan, ir al centro de salud o simplemente salir de casa sin sentir que está en medio de la nada?
Pensé en todo esto por dos razones, y este hombre es la primera.
“¿Qué te parece la Galicia profunda?” Jamás lo había visto así
Ese hombre del que hablo escuchó varios días seguidos mi acento andaluz y, la última vez que lo llevé, lo bajé del coche y de repente me preguntó: “¿Qué te parece la Galicia profunda?”. Me quedé mirándolo fijamente, miré su preciosa casa de dos plantas rodeada de kilómetros de campo, sus ovejas y sus vacas en mitad de la nada… y pensé en lo que sería vivir allí solo todos los días.
Lo miré y le pregunté algo que nunca me había preguntado antes: “Oye… ¿y cuando tienes que ir a comprar, cómo lo haces? ¿Tienes coche?”. Él me respondió: “Tengo que esperar a que mi hijo tenga tiempo y me lleve…”. Pero lo dijo con un tono tan bajito y distante que supe, sin que me lo confirmara, que su hijo iba muy poco a verlo. Eso me hizo pensar: “Ostras… estar tan lejos, sin poder ir a comprar, al médico, al hospital…”.
Porque si no existiéramos los transportistas sanitarios, ¿tendría que pedir un taxi cada vez que fuera al hospital tres veces por semana para diálisis?
Encima, como hay tan poca gente viviendo en esos sitios, los ayuntamientos no ponen autobuses. ¿Para una o dos personas en cada pueblo van a gastar ese dinero? No les compensa, no les sale rentable hacer recorridos tan largos para que una persona mayor pueda desplazarse con dignidad.
El hombre en silla de ruedas
Otra cosa que me llamó la atención fue lo que me pasó ayer. Fui a otro pueblo perdido de la mano de Dios, en Sober, a por un hombre en silla de ruedas que tenía que ir a cardiología. Y cuando llegué y miré alrededor, me quedé en shock.
Imagínate el pueblo más rústico posible: casas de piedra de dos plantas que parecen de la época de nuestros abuelos (preciosas, pero nada funcionales para una silla de ruedas), caminos de tierra de metro y medio, piedras enormes y grietas donde cabe la rueda de una ambulancia. Si a mí ya me cuesta moverme con un vehículo preparado… imagínate ellos.
“Este hombre no podía salir de casa hasta hace un mes”, me dijo su mujer medio enfadada. Me explicó que su casa es grande pero antigua, con pasillos estrechos, puertas pequeñas… y escaleras de 14 peldaños estrechos, agrietados por el tiempo. Cuando tenía ayuda, podía subir y bajar a su marido… pero cuando estaba sola, ¿cómo lo hacía? Ellos son mayores, no pueden cargar con todo eso.
¿Y qué haces entonces, quedarte toda la vida encerrado en casa sin salir al médico, sin tomar el aire, sin ver a nadie?
Me comentó que había leído en la web de Total-Access que existen elevadores exteriores para sillas de ruedas que se instalan en escaleras o fachadas, y que solo hay que subir la silla a una plataforma metálica, pulsar un botón y funciona como un ascensor. La silla sube y baja sin esfuerzo.
Y me hizo dar la vuelta para enseñármelo. Y la verdad es que gracias a eso, aunque siga siendo complicado moverse por el pueblo, al menos ese hombre no va a pasar el resto de su vida encerrado entre cuatro paredes de piedra.
Todo esto me hizo pensar que tenemos que mejorar como sociedad
La sociedad NO está preparada para las personas con baja o nula movilidad. Otro día recogí a una mujer argentina que vive en O Saviñao para llevarla al hospital. Ella nunca había tenido problemas, pero un día se cayó, se infectó… y le entró una bacteria que se come la carne. De un día para otro tuvieron que amputarle una pierna.
Me dijo que no estaba mal por estar en silla de ruedas (es muy positiva), sino porque la sociedad no piensa en las personas con movilidad reducida. En casa es independiente porque su marido adaptó todo: puertas anchas, baño accesible, ducha grande… pero salir es un suplicio.
No todas las aceras tienen rampas, no todos los restaurantes tienen acceso, y ni siquiera muchos edificios públicos están adaptados. Y eso que deberían ser los primeros en dar ejemplo.
Me dijo que su vida no había terminado por la amputación, porque incluso seguía trabajando dando clases particulares, sino porque la sociedad no estaba adaptada. Y no es un caso aislado: hay muchísimas personas en silla de ruedas en el mundo, y aun así la adaptación sigue siendo mínima.
Deberíamos empezar a pensar más en los demás y menos en nosotros mismos
Al final, todo esto solo preocupa cuando nos toca de cerca. La gente solo se indigna cuando el problema les afecta directamente. Pero no piensa en ello antes.
Con la movilidad reducida pasa lo mismo: lo sufre quien lo vive o su familia cercana. Pero el resto no actúa. Y si mañana fuera tu madre, tu hermano o tu pareja, ¿querrías que pasaran su vida encerrados porque nadie adaptó nada?
No tienes que cambiar el mundo entero tú solo, pero sí puedes hacer cosas: reclamar en ayuntamientos, denunciar locales sin accesibilidad, ayudar a alguien en silla de ruedas cuando lo necesite… hay muchas formas de aportar.
No ignores esto. Si no quieres ser parte del problema algún día… ACTÚA.