La calefacción representa el principal gasto energético de los hogares en invierno. El recibo de la luz y el gas sumados puede representar casi el doble en invierno que en verano. Esto se nota especialmente en viviendas con niños, con personas mayores o donde hay personas en casa durante todo el día. Por suerte, colocar unas ventanas eficientes puede reducir bastante los gastos.
Según la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), los españoles gastamos una media de 640 € al año en calefacción. Sin embargo, si recurrimos a datos oficiales, del IDEA (Instituto de Diversificación y Ahorro Energético), dependiente del Ministerio de Transición Ecológica, el gasto por hogar en gas natural, uno de los sistemas de calefacción más utilizados, se dispara hasta 1.370 € por vivienda.
El dinero que nos gastamos en calefacción depende de la ubicación de la vivienda. No se gasta lo mismo en climas templados que en climas fríos. En Alicante, que en Teruel o Soria. También depende del sistema de calefacción que usemos: electricidad, gas, gasoil, etc. Pero hay un asunto en el que no recapacitamos lo suficiente y tiene una incidencia decisiva en el consumo energético: la eficiencia de los hogares.
Aproximadamente la mitad de las viviendas que hay en nuestro país tiene más de 40 años de antigüedad. Esto implica que tienen un nivel de aislamiento térmico insuficiente. Los materiales de construcción que se utilizaban en aquella época no son tan efectivos en este campo, como los actuales. Esto hace que parte del calor del hogar se pierda y que nos cueste más energía y, por tanto, más dinero, mantener caliente la casa.
Esta deficiencia la podemos corregir, en gran medida, invirtiendo en mejores cerramientos para el hogar. Cambiando, por ejemplo, las ventanas. Lo vemos a continuación.
Las ventanas de PVC.
Una de las medidas que más se utilizan es colocar ventanas de PVC.
Entre las distintas opciones que tenemos, las ventanas de PVC destacan como una de las soluciones más eficaces para mantener el calor en el interior del hogar y reducir el consumo energético durante el invierno. Su principal ventaja reside en la capacidad aislante del propio material, que actúa como una barrera real entre el ambiente exterior y el interior de la vivienda.
El PVC, o policloruro de vinilo, es un material ampliamente utilizado en construcción por su resistencia y estabilidad. No permite el paso del agua ni de la electricidad y, lo más importante, en climas fríos, presenta una conductividad térmica baja. Esto significa que dificulta de forma natural la transmisión del frío desde el exterior hacia el interior, ayudando a conservar una temperatura agradable sin necesidad de un gasto excesivo en calefacción. Además, mantiene sus propiedades intactas frente a cambios bruscos de temperatura, humedad o exposición al sol, lo que garantiza un rendimiento constante a lo largo del tiempo.
Otro aspecto clave de las ventanas de PVC es el diseño de sus perfiles multi-cámara. Estos compartimentos internos crean capas de aire estanco que refuerzan el aislamiento térmico. A ello se suma la posibilidad de incorporar refuerzos de acero en el interior de los perfiles, que mejoran la estabilidad de la ventana sin comprometer la eficiencia energética, logrando un equilibrio óptimo entre solidez y aislamiento.
Si se comparan con otros materiales, las diferencias se hacen evidentes en invierno. El aluminio, por ejemplo, es un excelente conductor térmico, lo que obliga a añadir sistemas de rotura de puente térmico para evitar las pérdidas de calor. Aunque estos sistemas pueden ser eficaces, incrementan el precio final. La madera, por su parte, ofrece un buen aislamiento natural, pero requiere un mantenimiento constante para evitar que el desgaste y las grietas, que reducen su eficacia con el paso del tiempo.
Además del aislamiento térmico, las ventanas de PVC también contribuyen a mejorar el confort acústico, especialmente cuando se combinan con cristales de alto rendimiento. Todo ello convierte a este tipo de ventanas en una opción especialmente interesante para el invierno, al favorecer hogares más cálidos, silenciosos y eficientes desde el punto de vista energético.
Las ventanas de aluminio.
Nos cuentan los instaladores de Puertas y Ventanas Lara, una carpintería de aluminio en Valencia, que la eficiencia térmica de una ventana de aluminio radica en la Rotura de Puente Térmico (RPT)
El RPT no es más que un relleno de material aislante que se instala en el interior de los perfiles de las ventanas de aluminio. Tanto en el marco interior, como en el exterior. Este relleno, compuesto por una goma, por lo general, poliamida reforzada con fibra de vidrio, bloquea el intercambio de temperatura que facilita el aluminio.
Como hemos mencionado antes, el aluminio es un conductor del frío. Esta propiedad facilita que las bajas temperaturas que hay en la calle, se irradien al interior de la vivienda, por medio de los perfiles de las ventanas. Una acción que se bloquea mediante la Rotura de Puente Térmico.
El marco solo es una parte de la ventana. El cristal, aunque no se suele hacer referencia a él, también cumple una función de aislante térmico. Sobre todo en ventanas de triple acristalamiento, que disponen de cámaras de aire, entre las hojas de cristal, que refuerzan el aislamiento.
Por la naturaleza del material, el aluminio soporta mejor sistemas de acristalamiento complejo que el PVC, que al ser plástico, termina cediendo. También el aluminio, aguanta cristaleras de mayor tamaño. Por otro lado, el aluminio es más robusto y suele ser más duradero que el PVC.
Por tanto, esta comparativa que se hace a menudo entre ventanas de aluminio y de PVC no tiene mucho sentido. Dependiendo del diseño y de las características de la vivienda, nos puede resultar más interesantes unas que otras. Por lo que no podemos señalar de manera categórica que unas son mejores o que son la solución perfecta.
La eficiencia energética.
La eficiencia energética consiste en utilizar menos energía para obtener el mismo resultado. En este caso, mantener caliente la casa.
Como nos recuerda el blog de Repsol, esta eficiencia descansa en los materiales y en las técnicas que se han utilizado en la construcción de la vivienda y en como la tenemos preparada para afrontar el invierno.
A tal efecto, hay que tener en cuenta que el edificio esté bien aislado en cuanto a su cubierta y sus muros exteriores, y que luego cada vivienda y habitación, esté convenientemente aislada en sus paredes y techos.
Partiendo de la normativa de la Unión Europea, los edificios están clasificados según su eficiencia energética en 7 categorías, nombradas por orden alfabético. Siendo la A (con un color verde), la más eficiente, y la G (de color rojo) la menos. Entre un edificio de clase A y uno de clase G puede haber un ahorro de hasta un 90% de energía en la utilización habitual de la vivienda. Es decir, la iluminación, el funcionamiento de los electrodomésticos y aparatos eléctricos, y en la climatización.
La eficiencia energética se puede mejorar de muchas maneras. Una de ellas es cambiando los cerramientos. Es decir, sustituyendo las puertas y ventanas antiguas por otras nuevas que ofrezcan un mayor aislamiento térmico.
Un ahorro considerable.
Un artículo del periódico El Español recoge el testimonio de Laura Torres, una propietaria de un piso de Gijón que tras cambiar las ventanas de su hogar afirma haberse ahorrado 600 € al año en los recibos de gas y electricidad. Otras fuentes que hemos consultado, cifran el ahorro entre 250 y 500 € anuales.
Se calcula que entre un 20 y un 40% de la temperatura de la vivienda se pierde a través de cerramientos mal aislantes. Esto nos afecta en invierno, pérdidas de calor, y en verano, pérdida de aire acondicionado.
Varios estudios señalan que minimizando estas pérdidas se puede ahorrar hasta un 70% de energía para aclimatar una vivienda.
La mayoría de los usuarios tenemos una conciencia relativa de las pérdidas de temperatura en nuestra casa. Esto no nos impide caldear o refrescar nuestra vivienda para hacerla más habitable. No sabemos con exactitud cuánto calor pierde la vivienda. Pero queremos tener la casa a 25 grados en invierno para estar a gusto. Si la vivienda está mal aislada, nos costará más energía alcanzar la temperatura adecuada y mantenerla. Puesto que mientras la calefacción está en funcionamiento, estamos perdiendo calor continuamente.
El mal aislamiento se nota especialmente cuando la calefacción se apaga. Cuando apagamos los radiadores porque nos hemos ido al trabajo, o cuando tenemos programado el termostato para que la calefacción no funcione durante unas horas en la noche. En estas situaciones, la casa se enfría con rapidez. Parece como si estuviéramos en la calle. Si la casa estuviera bien aislada esto no sucedería. El calor se mantendría por más tiempo en el hogar, aunque la calefacción la hubiéramos bajado de temperatura o estuviera apagado.
Por todo lo que estamos viendo, un cambio tan sencillo como renovar las ventanas de la casa, puede tener un efecto tan grande en aumentar el confort. Un confort, que repercute en nuestros bolsillos.